Pensar en la era de la Inteligencia Artificial: ¿acompañamiento o adormecimiento cognitivo?
- César Daniel Cruz Bartoluchi
- 6 ene
- 2 Min. de lectura
Cada salto tecnológico ha despertado una sospecha: ¿nos hará menos capaces? Sócrates temía que la escritura destruyera la memoria; los docentes decían lo mismo de la calculadora. Sin embargo, la inteligencia artificial genera una inquietud distinta: no solo ejecuta tareas, sino que comienza a pensar por nosotros.
Un estudio reciente con 319 trabajadores del conocimiento observó algo inquietante: cuando las personas confían demasiado en la IA, tienden a pensar menos, reducen la supervisión, aceptan respuestas con menor cuestionamiento y sienten que el esfuerzo crítico disminuye. Al mismo tiempo, quienes confían en su propio criterio —y poseen capacidad evaluativa previa— sí examinan, cuestionan y corrigen los resultados de la IA.
Lo que emerge es una nueva alfabetización: formar mentes que sepan supervisar inteligencias, sin dejar de pensar por sí mismas. La pregunta clave ya no es “¿sabemos hacer tareas?”, sino: ¿sabemos juzgar, discernir y resistir cognitivamente cuando la solución parece correcta?
Ese acto —dudar— constituye el núcleo del pensamiento crítico. Pero si la IA facilita demasiado la producción, corremos el riesgo de atrofiar la incomodidad intelectual que históricamente formó criterio: investigar, comparar, fallar, corregir y defender ideas propias. Paradójicamente, la IA nos devuelve a una urgencia educativa: crear espacios para ejercitar pensamiento ante ideas, personas y argumentos reales.
Ahí emergen propuestas como los Thinkglaos, de It’s Time To Think (fundado en España, y presente en México y más de 9 países), que convoca al diálogo y encuentros de reflexión entre líderes, académicos y expertos con un tema a desarrollar en un ambiente de pensamiento crítico, fresco, innovador y dinámico entre personas de 22 a 35 años; y Lectures on Tap en Estados Unidos, donde profesores, empresarios y estudiantes se reúnen a pensar en comunidad alrededor de preguntas, textos y charlas. Estos movimientos encarnan un principio esencial: el pensamiento crítico no se adquiere consumiendo respuestas, sino con preguntas que despiertan el desarollo de argumentos en comunidad.
Si la inteligencia artificial ofrece eficiencia, estas iniciativas ofrecen resistencia intelectual:
volver a formular preguntas,
confrontar ideas,
ejercitar criterio,
construir significado frente a otros.
En cierto sentido, se convierten en gimnasios cognitivos complementarios a la IA. Sin ellos, pienso que corremos el riesgo descrito por el estudio: sustituir el pensar por el supervisar maquinalmente, hasta que incluso esa supervisión desaparezca. Quizá el porvenir no consista en elegir entre IA o pensamiento humano, sino en formar generaciones capaces de pensar mejor precisamente porque la IA existe.
Pero lograrlo requiere instituciones, metodologías y comunidades que mantengan viva la disciplina interior de preguntar, argumentar y disentir —un oficio que ninguna máquina puede ejercer por nosotros.
Referencia
Lee, H.-P., Sarkar, A., Tankelevitch, L., Drosos, I., Rintel, S., Banks, R., & Wilson, N. (2025). The impact of generative AI on critical thinking: Self-reported reductions in cognitive effort and confidence effects from a survey of knowledge workers. Proceedings of the CHI Conference on Human Factors in Computing Systems. https://doi.org/10.1145/3706598.3713778
Página web de It’s Time To Think -> https://www.itstimetothink.org/
Página web de Lectures on Tap -> https://lecturesontap.com/

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