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El poder invisible de una buena decisión

  • César Daniel Cruz Bartoluchi
  • 6 ene
  • 4 Min. de lectura

Durante años hemos repetido una idea casi automática: si quieres que más jóvenes terminen la universidad, hay que darles más becas. El razonamiento parece obvio. Si el problema es económico, la solución debe ser financiera. Sin embargo, un paper reciente publicado en American Economic Review nos obliga a detenernos y replantear esa intuición tan instalada.

El estudio, basado en un experimento aleatorizado con miles de estudiantes de bajos ingresos en Estados Unidos, llega a una conclusión tan potente como incómoda: el factor que más aumenta la probabilidad de terminar una carrera universitaria no es el dinero, sino la calidad de la decisión inicial sobre dónde estudiar, y esa decisión mejora radicalmente cuando existe un acompañamiento intensivo y personalizado.

Como profesor universitario, esta conclusión no me sorprende. Como mentor, me interpela profundamente.

El verdadero cuello de botella no es la capacidad, sino la elección

Los autores muestran que muchos estudiantes académicamente capaces terminan eligiendo instituciones que, objetivamente, tienen bajas tasas de graduación, altos costos netos o pobres resultados laborales, aun cuando existen alternativas mejores para su perfil. No es falta de talento. Es falta de información, de criterio y de alguien que ayude a ordenar una decisión compleja.

En el fondo, el problema no es distinto al que enfrentan muchos jóvenes profesionales o incluso directivos al inicio de su carrera: decisiones críticas tomadas con información incompleta, sesgos de entorno y sin una conversación profunda que confronte supuestos.

Elegir mal el “dónde” tiene consecuencias de largo plazo, incluso cuando el “quién” es perfectamente capaz.

El estudio demuestra que cuando los estudiantes reciben asesoría intensiva —no un taller aislado ni un recordatorio por correo— aumentan de forma significativa sus probabilidades de:


  • inscribirse en universidades de mayor calidad,

  • mantenerse en el sistema,

  • y finalmente obtener un título universitario.


El efecto no es marginal: hablamos de aumentos cercanos al 18 % en la obtención del grado, cifras enormes en términos de política pública y movilidad social.


Un paralelismo claro con el mundo profesional y empresarial

En el aula veo algo muy parecido. Los estudiantes que avanzan más rápido no son necesariamente los más brillantes, sino aquellos que toman mejores decisiones antes: qué carrera, qué universidad, qué prácticas, qué primer empleo. Lo mismo ocurre en las empresas: no siempre gana quien más recursos tiene, sino quien elige mejor su siguiente paso.

Este paper confirma, con evidencia, algo que muchos intuimos desde la práctica: el acompañamiento humano supera a las soluciones genéricas. Las intervenciones impersonales funcionan poco cuando las decisiones son complejas. Tener a alguien que entienda el contexto, cuestione supuestos y ayude a comparar opciones cambia radicalmente el resultado.

Aquí es donde el mentoring marca la diferencia

Por eso este tipo de evidencia conecta directamente con lo que hacen iniciativas como Unicoach. Su propuesta no es “decirle al joven qué hacer”, sino acompañar procesos de decisión en momentos críticos, cuando una mala elección puede condicionar años de trayectoria académica o profesional.

Unicoach trabaja justo en ese punto que la investigación identifica como clave: ayudar a estructurar criterios, evaluar alternativas reales y tomar decisiones alineadas con el potencial de cada persona. No es motivación vacía; es mentoría aplicada a decisiones concretas, algo que, como muestra el estudio, tiene retornos enormes a largo plazo.

En The Grade Puebla, vemos este mismo fenómeno. Trabajamos con jóvenes de preparatoria en uno de los momentos más decisivos de su vida: cuando empiezan a definir carácter, criterio y rumbo. El programa combina formación humana, discernimiento vocacional y mentoría uno a uno, justamente porque que las grandes decisiones no se toman bien en soledad ni con información limitada. No se trata solo de “elegir una carrera”, sino de aprender a pensar, a ordenar prioridades y a asumir responsabilidad por las consecuencias de las propias decisiones. La evidencia que muestra que el acompañamiento personalizado mejora radicalmente los resultados educativos confirma algo que en The Grade vemos cada año: cuando un joven tiene un mentor que lo acompaña con exigencia, cercanía y visión de largo plazo, su trayectoria cambia —no por magia, sino porque aprende a decidir mejor cuando más importa.

Desde mi experiencia como mentor, ese acompañamiento temprano suele ser la diferencia entre una carrera que despega y una que se estanca, incluso cuando el talento es el mismo.


Más dinero ayuda. Mejor criterio transforma.

El paper también lanza un mensaje incómodo para muchas políticas educativas y corporativas: invertir únicamente en recursos financieros tiene retornos limitados si no se invierte en mejorar la calidad de las decisiones. De hecho, los autores encuentran que el impacto por dólar invertido en asesoría intensiva es mayor que el de muchos programas de apoyo económico tradicionales.

Esto aplica tanto a estudiantes como a profesionales en transición, líderes jóvenes o emprendedores. En entornos complejos, la ventaja competitiva no está solo en tener más opciones, sino en saber elegir entre ellas.


Referencia

Barr, A., & Castleman, B. (2025). Increasing degree attainment among low-income students: The role of intensive advising and college quality. American Economic Review, 115(11), 4075–4103. https://doi.org/10.1257/aer.20240669

 
 
 

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